El amor después de hacer el amor
Es muy seductor el
cuadro idílico que nos pinta del amor después de hacer el amor.
Pero, es posible conciliar las apasionadas noches de amor con las
estresantes jornadas laborales?
Además, sucede que la televisión nos "come" de forma abusiva las
veladas... Una "sesión" amorosa constituye un muy agradable
sustitutivo de dos horas de embrutecimiento televisivo. No
obstante, es preferible dejar para los fines de semana las largas
sesiones amorosas en las que los refinamientos pueden prolongarse
durante todo el día.
El amor después de hacer el amor a menudo no es más que una
ficción descripta en los manuales del buen comportamiento
amoroso, por lo tanto, será de utilidad hacer algunas reflexiones
sobre ello.
Después del orgasmo, los cuerpos necesitan una fase de completa
inactividad, las zonas erógenas colmadas de placer rehúsan
cualquier estimulación complementaria.
Una unión armoniosa y los orgasmos compartidos dejan tanto al
hombre como a la mujer excepcionalmente distendidos, en una
especie de segundo estado donde el tiempo parece detenerse.
El hombre recupera más pronto la consciencia de lo que le rodea
porque la detumescencia de su órgano es bastante rápida: el pene
vuelve a su estado de flaccidez en pocos segundos. En ese
momento, el hombre experimenta de modo natural una sensación de
letargo general.
La somnolencia poscoital tiene una explicación. Durante el
período de excitación, una gran cantidad de sangre afluye a toda
la región del bajo vientre; los músculos se contraen y se tensan.
Finalizado el coito, la excitación desaparece , y los músculos,
al relajarse, provocan un estado de somnolencia.
En la mujer, la fase de detumescencia es más lenta, los efectos
del orgasmo desparecen lentamente. El compañero debe esforzarse,
a pesar de la somnolencia que le invade, en abrazarla y besarla
cariñosamente. La "falta" del hombre deja a su compañera en un
estado de frustración, y se sentirá olvidada si dicha situación
se reproduce regularmente después de cada orgasmo.
El hombre que se desentiende de su pareja después de haber
eyaculado es, evidentemente, un grosero. Se condena a sí mismo a
mantener únicamente relaciones banales. ¡Y no merece otra
cosa!
La mujer puede ayudar a un buen amante a vencer esas negativa
reacción fisiológica animándolo a mantenerse despierto.
Generalmente, unas pocas palabras halagadoras bastarán...
Antes, después, o entre coitos sucesivos, los buenos amantes
conocen una gama muy rica de refinamientos. Los masajes con
aceites perfumados constituyen un refinamiento indispensable para
la comunión sexual: permiten relajarse, ayudan a experimentar las
sensaciones en lo más profundo del ser y preparan el cuerpo para
el coito.
Sin refinamientos, el coito parece un intercambio "higiénico", en
donde tanto la comunicación como la ternuran brillan
desgraciadamente, por su ausencia.
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